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"Plankys" y "Txamperos"

El origen del surf en Europa tuvo unos inicios un tanto tétricos...

El dramaturgo irlandés Bernard Shaw, ganador de un Nobel de literatura en 1925 y un Oscar en 1938, posa con un "bellyboard" en la playa sudafricana de Muizenberg en 1931 a la edad de 75 años.

No se sabe con exactitud la fecha concreta en la que el surf llegó a Europa pero casi en cualquier país con un clima templado y mar con olas, la gente ha encontrado un placer especial en jugar con éstas, dejándose arrastrar por la fuerza del mar. Si bien el bodysurf es la primera forma de relacionarse con las rompientes en las protoculturas surferas, siempre se evoluciona hacia especialidades más sofisticadas como el bellyboard, precursor del bodyboard.


A principio de los años 20 los soldados británicos volvieron a casa tras la Gran Guerra trayendo consigo multitud de nuevas historias provenientes de compañeros de armas encuadrados en la Commonwealth. En concreto, los reclutas George Tamblyn y William Saunders habían escuchado por parte de soldados sudafricanos las bondades del surf, deporte ya en crecimiento en países como Sudáfrica, Australia y EEUU. En Cornualles, origen de ambos, un amigo de Tamblyn; el enterrador Tom Tremewan, empezó a fabricar una especie de paipo o bellyboard, utilizando sobrantes de madera de los ataúdes, de ahí su nombre "coffin Lid" (tapa de ataúd). Muchos lo siguieron y las playas córnicas comenzaron a llenarse de éstos simples pero eficaces artefactos.

Surfistas en Cornualles en 1919 sosteniendo sus primitivos bellyboards hechos con sobrantes de madera.

Hasta la aparición de materiales modernos como el foam y la fibra de vidrio, el surf experimentó un crecimiento limitado, pero con los ojos siempre puestos en la innovación y en intercambio de conocimientos. Con Reino Unido a la vanguardia del surf europeo, le tocó a Francia recoger el testigo; la Familia Real británica solía pasar sus veranos en Biarritz, lo que posiblemente ayudó a plantar la semilla del surf con los "coffin lids", pero hubo que esperar hasta el final de la Segunda Guerra Mundial para ver sus frutos.


Tras la liberación de Francia, los primeros en aprovechar las rompientes galas fueron precisamente los estadounidenses, equipados con aletas y surf mats, no pasaron desapercibidos para jóvenes como Jaques Rott, quien fundaría, más adelante, la primera marca de tablas de surf europeas junto a Michel Barland.

Un niño surfeando en un "surf mat" como los que llegaron a Francia en la posguerra a manos de tropas americanas.
Henri Poncini con un planky, 1958. Obsérvese la cola cuadrada, común en los modelos franceses.

Georges Hennebutte, un inventor en toda regla y uno de los precursores del surf moderno en Francia unió los conceptos del bellyboard (como el británico coffin lid) y del surf mat en uno, identificando las distintas ventajas y problemas de cada opción. Del coffin lid mantuvo la estructura de madera evitando el problema del deshinchamiento del surf mat, pero dotándole de una curva en la parte delantera, para que se adaptara mejor a la forma de las olas y no se clavara, tal y como hacía el surf mat, al ser flexible. De ésta manera nació el planky, primera aportación genuina francesa al deporte y ahí estaba Jaques Rott, fabricante de muebles para fabricarlos y extenderlos más allá de Biarritz.




Poco a poco el concepto del planky se fue extendiendo tanto por Francia como por la vertiente cantábrica española con nuevos nombres; txampero en el País Vasco, planquin en Cantabria o corre olas en Asturias. Fue precisamente en la localidad guipuzcoana de Zarauz donde se el concepto del planky se arraigó fuertemente en la década de los 50 de la mano de un carpintero de Zumaia llamado Marcelo Linazasoro, quien reinterpretó la tabla y le añadió una pequeña curva al final, haciéndola mucho más ergonómica al contacto con el abdomen y, de paso, añadiéndole un toque muy distintivo. Ésta característica se mantiene hoy día en los bodyboards modernos.

Planky en el que se aprecia tanto la curva delantera para evitar clavarse en el agua como el corte circular al final ideado por Marcelo. Foto de Hervé Manificat.

El planky era como un juguete de playa, algo que muchos de los que vivieron esa época recordarán con cariño. No muchos objetos pueden evocar tantos y tan bonitos momentos, especialmente de niñez, durante las tranquilas estaciones estivales, rodeados de amigos y familia. Su influencia duró hasta el establecimiento del surf moderno en los años 70 y preparó a toda una generación de surfistas para la pasión que les iba a acompañar toda su vida.


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